MENSAJE DÍA DEL QUÍMICO

Mensaje del M. C. Enrique Aguilar Rodríguez, Expresidente Nacional del IMIQ, durante el Festejo del Día del Químico. 

Estimados miembros del presídium, colegas que hoy se congregan para celebrar las profesiones que se fundamentan alrededor de la ciencia química:

Nada me gustaría más hoy, que discurrir sobre la Tabla Periódica, o los conceptos filosóficos de la termodinámica, o sobre los logros de nuestras profesiones. Sin embargo, hoy, en la cabeza de todos nosotros hay inquietud porque corren tiempos en el mundo en que presenciamos choques de culturas, de sistemas económicos y de visiones antagónicas de la sociedad y del mismo ser humano.

Las sociedades se ven atrapadas entre corrientes disímbolas, que nos impulsan hacia una nueva cultura universal inédita y todavía incierta. El hombre de la calle, nosotros, nos vemos inmersos en una gran incertidumbre en relación a nuestro modo de vida, a la organización familiar y social que nos depara el futuro, y observamos un stress social en que todos, pero principalmente los jóvenes, necesitan un punto de apoyo que nos de claridad y nos permita la comprensión de nuestro mundo, y del sentido de nuestra existencia. Ese es el hoy que nos ha tocado vivir en estos años.

En la confusión actual y en la búsqueda de claridad, quisiera compartir con ustedes algunas reflexiones, para volver a los fundamentos, y en nuestro caso, con la visión que nos han dado la química y la ingeniería química, y teniendo en mente la frase de Goethe: “La Verdad y la Belleza son simples”.

La primera pregunta que me surge es: ¿Por qué esa ola de insatisfacción de las sociedades modernas? ¿Por qué, si la tecnología actual provee de medios para la subsistencia, la salud, el confort, las comunicaciones, como no lo habrían soñado ni vivido, por ejemplo, los reyes de la Francia del siglo XVIII? Para buscar respuestas, he encontrado algunos indicadores sobre la sociedad actual, que quiero compartir con ustedes:

-La mitad inferior de la población mundial posee menos del 1 por ciento de la riqueza total. Como marcado contraste, el 10 por ciento más rico posee el 88 por ciento de dicha riqueza mundial.

-Según datos de la CEPAL, en México viven en pobreza 30% de la población y 11% en pobreza extrema, sumando 41% en total.

-En México el 1% más rico de la población obtiene el 21% del ingreso total.

-En el mundo, viven en la pobreza extrema 400 millones de niños (equivalente a más de 3 veces la población de México) y cada año, 6 millones de niños menores de 5 años, mueren por desnutrición.

-La desigualdad económica en México, medida por el coeficiente de Gini (0.48) nos ubica en el lugar 107 (más desigual) de 132 países evaluados.

-En México, apenas el 28% de estudiantes tienen un aprovechamiento aceptable en el uso del lenguaje en escuelas urbanas, y apenas del 8% en escuelas rurales.

¿De qué otra especie en el planeta podríamos dar cifras similares? De ninguna.

Los hombres, como especie, nos hemos autonombrado de diversas formas, destacando dos de ellas: el Homo Sapiens (hombre sabio) y el Homo Faber (hombre que hace o fabrica). ¿Qué ha hecho el hombre en estas dos facetas, para armonizar la convivencia entre sus miembros?

El Homo Faber (dentro de cuya definición cabemos los químicos y los ingenieros químicos), tuvo como primer logro mantener su subsistencia a través de la creación de herramientas que compensaban su débil naturaleza, ante otras especies y ante la agresividad del medio; elaboró vestidos para cubrirse y controló el fuego; más tarde logró elaborar máquinas y sustituir la fuerza bruta de hombre y animales por fuerza combustible; diseñó sistemas y máquinas para transformar los recursos

naturales y producir medicinas y más alimentos para alargar la vida y darse confort.

A mediados del siglo pasado se desencadenó un avance inusitado de la ciencia y tecnología química: se desarrollan conocimientos disruptivos que desembocan en el descubrimiento de nuevos procesos para transformar los minerales, el petróleo y el gas en combustibles y petroquímicos, como
plásticos, hules y telas sintéticas, así como antibióticos y nuevos medicamentos y en forma muy destacada, “inventar” y producir fertilizantes para alimentar una población que ya crecía geométricamente a principios del siglo XX, todos estos productos en forma masiva y económica, lo que permitió a la humanidad dar un salto cuántico en su calidad de vida.

Creo sinceramente que los químicos e ingenieros químicos hemos cumplido hasta ahora como Homo Faber. ¿Y nuestra porción de Sapiens?

Tal parece que los métodos del Homo Faber para entender la naturaleza, sus principios y la aplicación de estos para su beneficio, no han sido útiles para nuestro Homo Sapiens en el entendimiento del hombre, en su naturaleza individual, en su relación con la naturaleza y en su comportamiento social. La comprensión y la predicción del comportamiento de los sistemas físicos tienen una estructura de trabajo adoptada y aceptada prácticamente en todo el mundo, pero la especulación y el conocimiento alrededor del hombre en campos como la filosofía, la sociología, la religión, la educación, la ética y otros, son todavía inciertos a juzgar por las múltiples teorías y conclusiones a las que nos llevan, frecuentemente dispares y antagónicas. Precisamente los antagonismos han sido causa central en la evolución oscilante y errática de la sociedad, con avances y retrocesos, con desajustes sociales e incertidumbres, como los que hoy vivimos.

Sin embargo, los hombres Sapiens y Faber no pueden caminar separados, viven en cada uno de nosotros y se complementan y retroalimentan mutuamente, aunque como hemos visto, y por desgracia, a diferente velocidad en su evolución.

Ahora quisiera repasar junto con ustedes, sobre la silenciosa pero impactante “Revolución Industrial 4.0”, y sobre lo que nos depara la implantación de los avances tecnológicos radicales que se vislumbran en el futuro cercano para la sociedad mundial y la industria en particular.

La llamada “Industria 4.0” implica la promesa de una nueva revolución que combina técnicas avanzadas de producción y operaciones con tecnologías inteligentes altamente automatizadas.

Esta revolución ya inició y está en proceso de implantación acelerada en los países más industrializados; está marcada por la aparición de nuevas tecnologías como la robótica, la inteligencia artificial, las tecnologías cognitivas, la nanotecnología y el “Internet de las cosas, IOT”, que consiste en el uso intensivo de redes digitales para operar, controlar y optimizar los procesos de producción, distribución y consumo, así como el uso de recursos materiales, financieros y humanos.

Además, se prevé una era de innovación acelerada, por el uso de sensores y dispositivos portátiles, que generarán datos en tiempo real, y que resultará en la incorporación continua y permanente de nuevos productos en el mercado.

Los impactos de la Industria 4.0 pueden sentirse en múltiples niveles, tanto a nivel organizacional como individual, en empresarios, empleados y clientes. Si consideramos el aspecto económico, la Industria 4.0 tendrá un mejor desempeño económico, con abatimiento de costos y toma de mercados. Países y empresas que no evolucionen y mantengan el enfoque de la industria tradicional, se verán seriamente amenazados por su menor competitividad en el mercado.

Este cambio radical no solo afectará a los procesos de fabricación, sino que también generará cambios en la intensidad y el valor de la fuerza laboral, lo que requerirá de las personas, nuevas capacidades y roles en la industria, así como nuevas formas de organización para el trabajo.

Si asumimos que las personas son el sujeto de decisión de cualquier acción social, entonces nos encontramos con un cambio radical, impactado por la tecnología 4.0, que nos hace formular la pregunta fundamental:

¿Educar en qué y para qué?

Si entendemos la educación sólo como un proceso de entrenamiento para el trabajo, como han sido las tendencias educativas mundiales de las últimas 2 décadas, entonces sólo estaremos entrenando a la gente en un conocimiento que pronto será obsoleto y para puestos de trabajo que ya no existirán más.

Entonces la gran cuestión es ¿cómo preparar a las nuevas generaciones para manejar sistemas y procesos aún no existentes, que requerirán conocimientos aún no generados?

Ante este dilema, yo creo que, como en época de tormenta, hay que refugiarse en casa, es decir, en el caso de la educación profesional, enfatizar en los fundamentos y no en las aplicaciones específicas, ya que éstas tendrán ciclos de vida cada vez más cortos, antes de caer en la obsolescencia. En el caso de nuestras profesiones, será necesario entonces fortalecer el conocimiento fundamental: matemáticas, química y cinética de reacciones, termodinámica, balances de materia y energía, etc. Y entrenarse exhaustivamente en los sistemas de información digital.

Mi visión personal de las capacidades y habilidades a desarrollar por nuestros futuros profesionales de la química, son cuatro:

1. Entender a profundidad las materias fundamentales de la profesión
con una buena dosis de aprendizaje autodidacta.

2. Desarrollar habilidades para tener un pensamiento crítico y estratégico, y entender las causas raíz del entorno.

3. Desarrollar habilidades de pensamiento y acción creativa.

4. Desarrollar habilidades para trabajar y comunicarse con individuos
de otras culturas y otras generaciones.

Pero hay otro aspecto fundamental a reforzar en la educación: la construcción de valores éticos desde la educación elemental, que permita a las nuevas generaciones tener claridad en sus prioridades, para tomar decisiones personales, laborales y sociales, teniendo como foco central al hombre, y no a la tecnología ni al mercado, como razón que le dé sentido a sus vidas; creo que este aspecto será el factor diferenciador más relevante entre personas y países, para el buen o mal uso de los grandes avances asociados a la Revolución Industrial 4.0; si somos optimistas, será posible hacer realidad el sueño de Tomás Moro descrito en su libro “Utopía”, escrita en el lejano siglo XV: “la ciencia y la tecnología al servicio y para el disfrute del hombre”.

Finalmente, creo que vale la pena recordar que el verbo educar, viene del latín, educare, que significa “sacar de dentro”, por lo que, en esencia, esta definición tiene como base un acto de fe, de que el hombre es bueno por naturaleza y que esa virtud debe hacerse florecer a través de la educación.

Pero bajo cualquier escenario, los cambios sociales y los que se darán en la industria química en los próximos 30 años será formidables, y así llego a mi última reflexión: “para países, sociedades y personas, sobrevivir y progresar en medio de estas transformaciones, no se puede lograr solo”; por eso traigo a colación que hace unos días, algún colega me preguntaba ¿por qué y para qué las organizaciones gremiales en México? Expondré las 3 respuestas que tuve para esa filosa pregunta, en el contexto de lo que he expuesto aquí:

(1) Porque en México, los químicos y los ingenieros químicos hemos sido protagonistas en el nacimiento y desarrollo de la industria petrolera, petroquímica y química, que fue orgullo nacional y ejemplo para el mundo en el siglo pasado, con su presencia fundamental en la construcción de grandes complejos industriales y plantas químicas, cuya contribución a la economía nacional llegó a ser de más de 5% del PIB en los 90 ́s, por arriba de la media mundial de entonces y de ahora.

(2) Porque los profesionales de la química y la ingeniería química en México, tenemos una gran vocación para convertir las ideas y conceptos en realidades, y siempre hemos alzado la mano para impulsar iniciativas que se han traducido en desarrollo y beneficio para el país.

(3) Porque en el momento actual, en que se están tomando las decisiones que determinarán el futuro energético, social y económico del país por el resto del Siglo XXI, sería un pecado de omisión para con la sociedad, que los químicos y los ingenieros químicos no hagamos presencia fuerte, seria y profesional en el escenario nacional actual.

La Unión Química (IMIQ, CONIQQ y SQM), con el acompañamiento de organizaciones industriales como la CANACINTRA, ha entendido que tiene la obligación y el compromiso con la sociedad, de participar en la definición de políticas públicas, estrategias y acciones, que le den sentido y pertinencia al cambio mundial y nacional que hoy se está gestando.

La sociedad espera de nosotros conocimiento del entorno en que se desenvuelve el sector energético y químico, rigor en el análisis y principalmente, propuestas claras con alto sentido social, que expliquen, con sencillez y profundidad, los beneficios esperados de ellas para el desarrollo de nuestra Industria Química. Esta sociedad de la que hablo, no es una abstracción, tiene nombres y apellidos, la conforman primeramente nuestros hijos, nuestros nietos, nuestros seres queridos, pero también nuestros compatriotas, que tanto necesitan y esperan de nosotros.

Ellos son quienes nos piden hacer presencia, hoy, en estos momentos fundamentales en la historia del mundo y de México.

Mensaje Final
Quiero terminar diciendo que lo que he expuesto aspira a contribuir a que logremos ser y formar hombres que cumplan una sencilla regla “causa efecto”: Bien Ser, para Bien Hacer, para Bien Estar; y para Bien Ser, hago votos porque los aquí presentes busquemos y encontremos el conocimiento nuevo y la sabiduría para entender este complejo, confuso, pero fascinante mundo de hoy, con la advertencia que nos hace el poeta libanés, Gibrán Jalil Gibrán: “Aléjate de la sabiduría que no llora, de la filosofía que no ríe, y de la grandeza que no se inclina ante los niños”. 

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