Ernesto Manuel Verdugo Orozco

Presidente Nacional 1977

A fines de enero de 1977, recibí con orgullo, de mi gran amigo Guillermo López Mellado, las riendas de nuestro Instituto. En mi caso personal, existen incontables recuerdos en torno al IMIQ, desde las juntas iniciales para la formación de la Sección Tampico, el día que me fue entregado mi diploma como miembro afiliado y mis primeros trabajos para la revista.

Posteriormente, participé en diversos comités y fui candidato a todos los puestos de elección perdiendo en todas las votaciones, hasta 1976, que resulté electo Vice-Presidente. Mantuve siempre la convicción de que dirigir al IMIQ es tarea de muchas personas; el Presidente, es sólo una más.

Son muchos los recuerdos que tengo de mi gestión como Presidente del IMIQ, pero recuerdo con gran cariño la XVII Convención Nacional, ya que después de nueve meses de ardua labor, inauguramos en octubre la Convención, que bajo el tema “La Ingeniería Química en el Cambio Social y Tecnológico”, se llevó a cabo en la Ciudad de México. La “frialdad” de esta ruidosa y contaminada Ciudad de México, y su aparente indiferencia hacia lo que en ella sucede, se vieron neutralizadas por el entusiasmo y ambiente de amistad desplegados por una numerosa asistencia de más de mil personas, entre colegas convencionistas, nuestras bellísimas esposas, invitados especiales, estudiantes y uno que otro espontáneo.

Como ocurre en estos casos, el éxito fue el resultado del gusto por hacer bien las cosas, con ganas de prestar un servicio a la profesión y a la sociedad en que vivimos. El éxito de este evento fue también financiero, al alcanzar una utilidad de casi uno y medio millones de pesos, que permitió que el Instituto liquidara la segunda y tercera hipotecas sobre el condominio recién adquirido, y aún contar con un remanente, por lo que el IMIQ pudo operar sin problemas financieros.

 

 

 

 


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